miércoles, 12 de junio de 2019

EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA



                                        
Invertir en la educación es la mejor decisión que puede tomar un país para enfrentar de manera exitosa los retos que impone la realidad. En la actualidad se viven tiempos convulsos que requieren que cada individuo tenga las herramientas para poder tomar decisiones asertivas el momento de participar del proceso eleccionario. Los términos “educación” y “democracia” develan realidades sustantivas para la construcción de nuestras sociedades, para la supervivencia como humanidad y para hacer posible el buen vivir, la calidad de vida. Por lo mismo son términos complejos, que atañen a situaciones multidimensionales. Representan a la vez realidades y anhelos; diagnósticos y expresión de utopías; sus realidades se aproximan y se intersectan, partiendo que la democracia es un sistema de gobierno y forma de vida, en nuestras sociedades densamente pobladas, multiculturales, multiétnicas, en las que defendemos el derecho a la diversidad, afirmamos que lo mejor es la democracia:  la forma de gobierno que funciona a través de representantes del pueblo, elegidos entre varias ofertas de país elaboradas por núcleos partidarios, para tomar las mejores decisiones posibles en la administración de los recursos del estado, con una alta participación de la ciudadanía, mediante la deliberación, el debate y la construcción de consensos, orientadas a crear leyes e instituciones para regular y fomentar nuestra convivencia con sentido de solidaridad, a desarrollar nuestra economía con sentido de justicia y a estimular la lucha política con un sentido pacífico.
Como forma de vida, la democracia nos remite al desarrollo de nuestras capacidades de diálogo, al cultivo por la diversidad y a la disposición para aprender de los otros que siempre son, en mayor o menor grado, diferentes; a nuestro gusto por la ética, es decir a aprender a saborear los valores, a nuestra habilidad para resolver pacífica y constructivamente los conflictos que son constitutivos de nuestro ser humanos y humanas; en fin, al desarrollo de nuestra responsabilidad social en el ejercicio de nuestra libertad.
La educación hace referencia a procesos de aprendizaje, o sea a la construcción de conocimientos, de ideas, de significaciones, de afectos, de capacidades, de valores, sobre la relación con las demás personas, sobre la relación con la naturaleza, sobre la relación conmigo mismo y sobre la relación con lo trascendente. Esta construcción implica prácticas de transmisión, de asimilación, de apropiación y de autogeneración de esos conocimientos, capacidades, afectos, y valores.
De acuerdo con la síntesis elaborada por la comisión internacional presidida por Jacques Delors para la UN ESCO en 1995, la educación, como práctica social, se sostiene en cuatro pilares:
 a)     Aprender a aprender que implica el desarrollo de habilidades cognitivas para el análisis, la síntesis y la construcción de hipótesis y rutas de conocimiento.
b)     Aprender a hacer que tiene que ver con el desarrollo de capacidades técnicas, tecnológicas, artesanales, artísticas y científicas.
c)      Aprender a ser que refiere al desarrollo de valores y al gusto por la ética, al desarrollo de convicciones y a la superación de toda forma de fundamentalismo.
d)     Aprender a convivir que exige el desarrollo de nuestras habilidades para el diálogo, para el trabajo en grupos, para la construcción de consensos y la resolución pacífica de conflictos.
Trazados los conceptos e ideas anteriores podemos decir que hay una relación “natural” entre los términos educación y democracia; que ambas se hacen posibles y se retroalimentan en su potencialidad y calidad. Es decir, una buena educación puede contribuir a garantizar una buena democracia y una buena democracia puede contribuir a garantizar una buena educación.
La educación nos debería preparar para el ejercicio de la democracia, prepararnos para ayudar a fortalecer y recrear nuestras instituciones y leyes, para construir significados y referencias de participación y convivencia en los espacios públicos y también para construir nuestra ciudadanía crítica y activa. La democracia nos debería garantizar nuestro derecho a gozar de nuestros derechos humanos, entre ellos, el derecho a la educación. Si volteamos la mirada hacia la educación podemos advertir como existen desigualdades en el acceso y calidad a la misma, sobre todo en aquellas comunidades más distantes, en las cuales no existen condiciones apropiadas de infraestructura, metodología y tecnología. La democracia debe traer justicia y equidad sociales, premisas insustituibles para fortalecer a la educación.
La lucha por mejorar la calidad de nuestra democracia debe ir acompañada de acciones sustantivas y reales de parte de las autoridades, atendiendo a las nuevas generaciones y brindándoles oportunidad de desarrolló a través de acciones que garanticen el ingreso, la permanencia y el egreso exitoso del sistema educativo.

jueves, 9 de mayo de 2019

LOS JÓVENES Y LA POLÍTICA





Infundir el respeto y la práctica de los Derechos Humanos, la solidaridad, la vida en democracia y cultura de paz, el uso responsable de la libertad y el cumplimiento de las obligaciones, superando los intereses individuales en la búsqueda del bien común, constituye uno de los objetivos de la educación, a través de la cual se construyen valores y actitudes de la juventud y de la niñez en los ámbitos escolares.
La promoción de contenidos de formación ciudadana fortalece la construcción de prácticas de pertinencia y compromiso del ejercicio democrático, del estado de derecho y la defensa de la democracia. Así, dentro de los currículos de estudio de los distintos niveles educativos a nivel nacional se establecen conceptos y temas que orientan competencias formativas que preparan al alumno para asumir responsabilidades en la vida diaria.
Los estudiantes, como todas las personas, han de participar en la construcción de una sociedad justa, progresista y solidaria, en la que las personas encuentren satisfacción a sus necesidades materiales y espirituales.  Cada ciudadano y ciudadana han de educarse para lograr para sí mismos(as) y para otros(as) el reconocimiento social por méritos reales, ser cortés, forjarse una vida confortable, pero ser capaz de servir o proporcionar bienestar a otros(as), contribuir con sus actitudes a la seguridad familiar, comunal y nacional.
El modelo de vida que el estado demanda se orienta hacia el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las responsabilidades, tomando como referencia el marco legal.
Guatemala es un país joven, los adolescentes y jóvenes (13 – 29 años) en nuestro país representan un 33 % de la población, lo cual es un indicador clave que la sociedad está ampliamente dominada por la juventud.  Sin embargo, atendiendo a los derechos y deberes ciudadanos quienes estén comprendidos de los 18 años en adelante tienen deberes y derechos políticos comprendidos en el capitulo 3, artículo 136 de nuestra Constitución Política, siendo estos: Inscribirse en el Registro de Ciudadanos; Elegir y ser electo; Velar por la libertad y efectividad del sufragio y la pureza del proceso electoral; Optar a cargos públicos; Participar en actividades políticas; y Defender el principio de alternabilidad y no reelección en el ejercicio de la Presidencia de la República.
La apatía y la indiferencia suelen asomarse en el pensamiento de quienes por primera vez ejercerán el derecho al voto en las próximas elecciones generales del 16 de junio, sin embargo, debe privar el deseo de poder contribuir con el sufragio en forjar un mejor país.
En este sentido, dentro de nuestro  grupo de alumnos graduandos habrá estudiantes que se enfrentaran al reto de tener una participación dentro del proceso electoral, estos jóvenes abrigan sueños y anhelos personales, familiares y sociales.
Es muy oportuno incentivar los valores cívicos desde la niñez, siendo importante permitir la participación de los niños en las elecciones infantiles, las cuales fortalecen el sentido participativo, para que en un futuro exista una clara identidad de acudir a las urnas.
El bien común, la equidad y el desarrollo humano pueden alcanzarse en la medida que las autoridades que acceden al poder público sean idóneas, de ahí la importancia de prepararse para ser sujeto activo no solo de conocimientos e informaciones, sino de valores y actitudes que se transformen en virtudes que contribuyan a construir un proyecto de nación más justa.
Conocer y divulgar la Constitución Política de Guatemala, tributar, practicar normas de convivencia, fiscalizar la gestión pública, marginar la discriminación, practicar la inclusión, respetar la ley, fomentar los derechos políticos, respetar y practicar los derechos humanos, ser protagonista de actitudes positivas son características del perfil de un buen ciudadano que necesita y merece nuestro país.

miércoles, 20 de marzo de 2019

COMO ENSEÑAR A NUESTROS HIJOS A TENER AMISTADES SANAS







La amistad es un valor fundamental en el ser humano, es el sentimiento que nos hermana, es una herramienta vital para el desarrollo de habilidades sociales, como empatía, trabajo en equipo, resolución de conflictos, aceptación de normas, entre otros.
La amistad fortalece que el niño y joven reconozca y gestione sus propias emociones en grupo: la admiración, los celos, la envidia, la autoestima, el perdón, la reconciliación, el agradecimiento, la lealtad, la confianza… además, los primeros amigos suponen un vínculo afectivo libre de prejuicios y “máscaras” y cubre necesidades psicosociales básicas como la pertenencia a un grupo, el ser apoyado y querido o el ser aceptado por sus iguales, necesidades que también son cubiertas por la familia, pero que también tienen que ser complementadas por otro tipo de interacciones sociales y de personas.
La amistad en la infancia significa un “cúmulo de pruebas” para que el día de mañana, convertidos en adultos puedan salir, dotados de herramientas emocionales y enfrentarse a la sociedad, lo que les hará, poco a poco, decidir cómo quieren mostrarse al mundo.
¿Como les ayudamos a establecer amistades sanas?
Lugares de interacción social: hay que llevarlos a lugares donde puedan interactuar con sus semejantes, bien sea en el parque, en una actividad extraescolar, o cosas por el estilo… porque está claro que, hoy en día, el juego libre en la calle, como existió en algún momento, es casi imposible porque las ciudades no están hechas para los niños y, además, hay que añadir la falta de interacción social que Internet y los videojuegos les impide llevar a cabo. En este sentido el patio del colegio y el ambiente escolar es el medio idóneo para construir y consolidar la amistad.
Detectar un buen amigo: enseñarles a reconocer si un amigo está abusando de su amistad y recordarles que un amigo de verdad les ayuda incondicionalmente, les permite ser tal y como son, les respeta, desea formar equipo con ellos, les apoya, les desea el bienestar y les señala sus errores para poder enmendarlos.
Ayudando a forjar su personalidad: la mayoría de los padres deseamos que sus hijos sean niños obedientes, que no les lleven la contraria, que sean maleables, que se adapten a ellos… entonces, ¿cuándo a tu hijo le digan que se tire por un puente querrás que haga lo mismo? Es importante establecer unas normas y límites en casa, pero también debemos de respetar, en cierta medida, su carácter y su personalidad para no anular esa protección natural frente a los posibles abusos y desafíos de futuros amigos, sobre todo, de los que llegan con la adolescencia, etapa donde las amistades aún son más fuertes y donde podremos intervenir aún menos…
Aprender a decir NO:
Saber decir No y establecer sus propios límites, no es sencillo, pero es valioso definir los parámetros derivados de una relación amistosa. Los retos y desafíos pueden conllevar riesgos que vulneran no solo la integridad física sino los valores morales; de ahí la importancia de que nuestros hijos sepan diferencias lo positivo de lo negativo, dando preferencia a lo primero, aunque ello signifique decir No. El verdadero amigo entenderá y aprenderá de esa lección.
Establecer un vínculo de comunicación familiar
Es en el núcleo familiar donde se viven las primeras experiencias de aprendizaje y es justo donde los canales de comunicación y expresión deben ser más claros y fluidos. Hacer entender al niño y al joven que la prioridad de los padres es el bienestar de los hijos es importante. De esta claridad en el mensaje depende el grado de confianza para que puedan socializarse las interacciones de la amistad. Cuando existe ese acercamiento entre la familia, podrán conocerse quienes son los amigos, los lugares que frecuentan, las charlas entre ellos y la calidad de personas que son sus padres.
Todo padre de familia (o quien ejerza esa función) debe estar claro del tesoro que tiene entre sus manos y la responsabilidad que ello conlleva. En la actualidad vivimos en una sociedad en la que se le da demasiada importancia a lo superficial, por ejemplo: adolescentes que compiten por tener mayor cantidad de “amigos” en redes sociales, de los cuales ni conocen. Velemos por la calidad de quienes forman las amistades de nuestros hijos, ya que permitirá asegurar su bienestar físico y emocional.