martes, 1 de octubre de 2019

GENERACIÓN CENTENNIALS O GENERACIÓN “Z”




Curiosos, conscientes, involucrados, sencillos, cautos, autodidactas, libres y sobre todo, la primera generación 100% digital, los cuales ya se están incorporando al mercado laboral, así son los “Centennials”, también llamados: generación “Z”.
Su alto desempeño tecnológico los hace ser muy bien cotizados en diferentes puestos, lo cual es refrendado por su capacidad de adaptación al cambio, la innovación y la digitalización, por las cuales transitan hábilmente.
Su cohorte generacional los posiciona en torno al año 1997, (con edades entre 18 y 23 años) siendo un grupo nativo del internet; ellos han crecido en la era de la información y la conectividad, son poseedores de un sentido innato digital. Fueron la primera generación que comenzó a manejar dispositivos móviles antes de hablar, no impidiendo que sean autocríticos ya que inclusive son conscientes que pasan demasiado tiempo conectados. Generalmente son cuidadosos de su reputación digital; tienen perfiles activos en Instagram y Snapchat. Piensan que solo los mayores utilizan Facebook.
Se caracterizan por ser cautos y menos idealistas que los Millenials o la generación “Y”, son sabedores de las limitaciones de oportunidades para alcanzar el éxito, son aprendices de los errores que han cometido los milenials; para ellos el internet es fundamental, es como un suministro más (como podría ser el agua o la electricidad). Están altamente comprometidos con el medio ambiente, la tecnología y la conservación de la naturaleza, les importan y valoran temas de índole social.
Como dato curios prefieren compras en tiendas físicas que virtuales, anteponen la calidad a la cantidad; se declaran en contra del consumismo, les preocupa el futuro, son impacientes y autodidactas. Si bien ven Tv por cable prefieren plataformas como You Tube o Netflix para sus momentos de ocio. En el campo educativo tiene preferencias por el uso de plataformas masivas de carácter instruccional, considerando el acceso al conocimiento como inmersivo y exponencial.
Son abiertos a la convivencia intergeneracional, influyen mucho en las decisiones de sus padres y familiares, practican la autenticidad y les interesan los productos que cumplen con ciertos valores, practican fácilmente el trabajo colaborativo, se identifican mucho con el modelo de influencers y vloggers ; manejan un alto nivel de estrés cuando su smartphone se extravía o rompe. Creen que la música es algo muy importante de su vida.
Para informarse se vale de las noticias y novedades en redes sociales, teniendo por lo tanto una comprensión superficial de la actualidad; tienen habilidad para el ahorro y los imprevistos, siendo altamente adaptables a los cambios, disponen de habilidad para la aproximación de los valores corporativos de la empresa donde se desempeña, son agentes de transformación en nuevas prácticas tecnológicas.
Son ávidos de vivir momentos únicos, prefiriendo lo visual, son un poco impacientes y prefieren los resultados inmediatos, son sumamente celosos de su privacidad, son multipantalla: usan a la vez un smartphone, tableta, PC, consolas de juegos, Tvs. Son resilientes y no posicionan a la diversión en los primeros lugares de sus actividades, además son abiertos a las distintas creencias y valores, practicando algún deporte o forma de meditación.
Esta generación constituye el corazón de las estrategias de marketing digital; se destacan también por que pierden interés muy rápido, ya que por ejemplo le dedican ocho segundos de atención a una página aplicación, para ellos el correo electrónico es cosa del pasado.
Podemos finalizar afirmando que la generación millenials será sustituída en el desempeño laboral por personas que se han formado en una era digital, con amplias competencias en el campo tecnológico y globalizado, representando en la actualidad entre el 27 y el 32% de la población mundial, son personas menos concentrados y más capaces.

miércoles, 31 de julio de 2019

LA IMPORTANCIA DE FORTALECER EL HÁBITO DEL AHORRO EN LOS NIÑOS




“Tan importante como enseñar a los niños a lavarse los dientes es inculcarles el hábito del ahorro ya que es la forma de que cuando sean adultos gocen de una buena salud financiera”.

Por Máximo Santos Miranda*
Vivimos en una sociedad en la que se nos invita a consumir las 24 horas del día. Cuando uno da un paseo por la calle, las tiendas exponen sus ofertas y productos con los que intentan seducirnos para que entremos a comprarlos. Cuando leemos el periódico, vemos la televisión, nos conectamos a internet o escuchamos la radio somos constantemente bombardeados con anuncios que nos invitan a consumir. Incluso cuando entramos en una oficina bancaria se nos anima a solicitar créditos con los que poder pagar muchos de nuestros caprichos. Toda nuestra sociedad está orientada a animarnos a consumir cualquier tipo de bienes y servicios y este empuje a consumir que hasta ahora se venía haciendo de forma no selectiva y en masa, desde hace unos años se está volviendo mucho más refinado.
Gracias a la inteligencia artificial y el big data cada vez se nos están ofreciendo más productos que se adecuen más a nuestras necesidades, gustos e intereses específicos, lo que va a redundar, en la mayoría de los casos, en aumentar aún más nuestra inclinación al consumo. Vivimos en sociedades de consumo en las que la importancia que se le otorga al ahorro cada vez es menor y, sin embargo, es un elemento crucial para poder desenvolvernos en la vida adulta. El hábito del ahorro debe inculcarse a los niños desde los primeros años de la infancia de sus vidas, aunque en esas etapas los niños no sean muy conscientes de lo que significa y menos su utilidad.
Podemos definir el ahorro como aquella parte de nuestros ingresos que no destinamos al gasto. Es decir, con el ahorro se persigue reservar un porcentaje de nuestros ingresos a necesidades futuras y este dependerá de nuestros ingresos y de nuestra propensión a ahorrar. Principalmente ahorramos para poder realizar nuestros sueños sin necesidad de pedir créditos o bien para poder afrontar problemas futuros que requerirán de gastos extras. Ahorrar nos ayuda a prevenir futuras contingencias, pues la idea del ahorro es precisamente esa, intentar guardar para cuando haga falta. Es importante remarcar a los niños este mensaje, ya que si no se inculca desde la niñez cuando se alcance la vida adulta los jóvenes van a ser mucho más maleables por las continuas seducciones que nuestra sociedad ofrece al gasto desmedido. Por pequeño que sea el ahorro, el simple hecho de destinar mensualmente un porcentaje de nuestros ingresos al mismo genera un hábito que va a permitir lograr nuestras metas y contar con unos fondos que nos pueden ser muy necesarios para afrontar cualquier adversidad que nos depare la vida.
El consumir responsablemente en el presente y generar hábitos de ahorro nos evitará llevar una estructura de vida en la que gastemos más de los que ingresamos y no nos conducirá al sobreendeudamiento y al stress que genera el no estar seguro de poder pagar todo lo que se debe. Ahorrar nos permitirá vivir tranquilos y nos proporcionará seguridad e independencia financiera para cumplir metas y afrontar imprevistos. El hábito del ahorro debe convertirse en un estilo de vida que se debe inculcar por los padres a sus hijos, ya que es la única forma de que los futuros adultos no se conviertan en esclavos de sus deudas.
Los especialistas consideran que enseñar a los niños el hábito del ahorro debe ser un tema lúdico que se puede hacer desde la familia o desde las instituciones educativas y siempre se deberán utilizar palabras sencillas y conceptos claros. Inculcar el hábito del ahorro a los niños debe ser tan importante como enseñarles a cepillarse los dientes, ya que con ello gozarán en el futuro de una buena salud financiera. Hay que hacer comprender a los niños que el dinero no es algo que nace de los árboles, sino que se obtiene a través del esfuerzo y del trabajo. Por esta razón es útil que los niños entiendan que el dinero que se les da los domingos no es una obligación de los padres, sino que es una recompensa por el cumplimiento de ciertos objetivos sencillos que se les marcan y que son alcanzables de acuerdo con su edad y contexto.
El ahorro enseñará a los pequeños a tener objetivos de compra como puede ser un juguete o un libro y su recompensa será la satisfacción de haberlos logrado gracias al ahorro. Finalmente, ahorrar significa tener paciencia para conseguir algo e inculcar esto a los niños se hace cada vez más difícil, ya que los niños cada vez tienen menos tolerancia a la espera y quieren todo de forma instantánea. Por esta razón resulta vital enseñar a los niños que el tener paciencia tiene sus recompensas y que van a poder conseguir en un tiempo razonable aquellos objetivos que anhelan.

miércoles, 12 de junio de 2019

EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA



                                        
Invertir en la educación es la mejor decisión que puede tomar un país para enfrentar de manera exitosa los retos que impone la realidad. En la actualidad se viven tiempos convulsos que requieren que cada individuo tenga las herramientas para poder tomar decisiones asertivas el momento de participar del proceso eleccionario. Los términos “educación” y “democracia” develan realidades sustantivas para la construcción de nuestras sociedades, para la supervivencia como humanidad y para hacer posible el buen vivir, la calidad de vida. Por lo mismo son términos complejos, que atañen a situaciones multidimensionales. Representan a la vez realidades y anhelos; diagnósticos y expresión de utopías; sus realidades se aproximan y se intersectan, partiendo que la democracia es un sistema de gobierno y forma de vida, en nuestras sociedades densamente pobladas, multiculturales, multiétnicas, en las que defendemos el derecho a la diversidad, afirmamos que lo mejor es la democracia:  la forma de gobierno que funciona a través de representantes del pueblo, elegidos entre varias ofertas de país elaboradas por núcleos partidarios, para tomar las mejores decisiones posibles en la administración de los recursos del estado, con una alta participación de la ciudadanía, mediante la deliberación, el debate y la construcción de consensos, orientadas a crear leyes e instituciones para regular y fomentar nuestra convivencia con sentido de solidaridad, a desarrollar nuestra economía con sentido de justicia y a estimular la lucha política con un sentido pacífico.
Como forma de vida, la democracia nos remite al desarrollo de nuestras capacidades de diálogo, al cultivo por la diversidad y a la disposición para aprender de los otros que siempre son, en mayor o menor grado, diferentes; a nuestro gusto por la ética, es decir a aprender a saborear los valores, a nuestra habilidad para resolver pacífica y constructivamente los conflictos que son constitutivos de nuestro ser humanos y humanas; en fin, al desarrollo de nuestra responsabilidad social en el ejercicio de nuestra libertad.
La educación hace referencia a procesos de aprendizaje, o sea a la construcción de conocimientos, de ideas, de significaciones, de afectos, de capacidades, de valores, sobre la relación con las demás personas, sobre la relación con la naturaleza, sobre la relación conmigo mismo y sobre la relación con lo trascendente. Esta construcción implica prácticas de transmisión, de asimilación, de apropiación y de autogeneración de esos conocimientos, capacidades, afectos, y valores.
De acuerdo con la síntesis elaborada por la comisión internacional presidida por Jacques Delors para la UN ESCO en 1995, la educación, como práctica social, se sostiene en cuatro pilares:
 a)     Aprender a aprender que implica el desarrollo de habilidades cognitivas para el análisis, la síntesis y la construcción de hipótesis y rutas de conocimiento.
b)     Aprender a hacer que tiene que ver con el desarrollo de capacidades técnicas, tecnológicas, artesanales, artísticas y científicas.
c)      Aprender a ser que refiere al desarrollo de valores y al gusto por la ética, al desarrollo de convicciones y a la superación de toda forma de fundamentalismo.
d)     Aprender a convivir que exige el desarrollo de nuestras habilidades para el diálogo, para el trabajo en grupos, para la construcción de consensos y la resolución pacífica de conflictos.
Trazados los conceptos e ideas anteriores podemos decir que hay una relación “natural” entre los términos educación y democracia; que ambas se hacen posibles y se retroalimentan en su potencialidad y calidad. Es decir, una buena educación puede contribuir a garantizar una buena democracia y una buena democracia puede contribuir a garantizar una buena educación.
La educación nos debería preparar para el ejercicio de la democracia, prepararnos para ayudar a fortalecer y recrear nuestras instituciones y leyes, para construir significados y referencias de participación y convivencia en los espacios públicos y también para construir nuestra ciudadanía crítica y activa. La democracia nos debería garantizar nuestro derecho a gozar de nuestros derechos humanos, entre ellos, el derecho a la educación. Si volteamos la mirada hacia la educación podemos advertir como existen desigualdades en el acceso y calidad a la misma, sobre todo en aquellas comunidades más distantes, en las cuales no existen condiciones apropiadas de infraestructura, metodología y tecnología. La democracia debe traer justicia y equidad sociales, premisas insustituibles para fortalecer a la educación.
La lucha por mejorar la calidad de nuestra democracia debe ir acompañada de acciones sustantivas y reales de parte de las autoridades, atendiendo a las nuevas generaciones y brindándoles oportunidad de desarrolló a través de acciones que garanticen el ingreso, la permanencia y el egreso exitoso del sistema educativo.